
En nuestro léxico expresar esas dos palabras significa “no me importa”, “que se joda”, “allí se va”, “así queda”, “como salga”, eso en el tono “normal”, como en una conversación entre amigos, uno le dice al otro –tienes sucio el pantalón– a lo que le responde con levantamientos de los hombros –ah, que chucha– y siguen conversando. Es la manera más sana de la frase.
La frase (
ecuatorianismo), toma otro sentido si se expresa con enfado, el sentido es hiriente, ofensivo; es decir “no te metas en mi vida”. Va acompañada del levantamiento de ambas manos hasta la altura del pecho, luego se lanzan hacia delante con fuerza a media altura, regresándolas a la altura de las ojeras y echándolas para atrás con un giro brusco de muñecas.
Existe otro que no denota
quemeimportismo, es más bien de amenaza o advertencia. Ejemplo: ¡Qué chucha pasa!. Quien lo dice, se cree superior, es el único que lo puede decir en una situación de conflicto que presume, tiene que resolver.
La más peligrosa y la que realmente me preocupa es el “qué chucha” pensado, cuando se lo medita, luego de una decisión importante, la misma que implica un índice de maldad determinado, es más dañino que la palabra. Se sabe la consecuencia luego de decirlo, es el “qué importa” al máximo nivel y busca sobre todo la satisfacción personal.
Entonces nos encontramos con una frase de cuatro niveles:
1. Autómata (quemeimportismo simple).
2. Sentido (quemeimportismo egoísta).
3. Amenazador.
4. Pensado (quemeimportismo cruel).
Podríamos estar hablando de una cuarta característica que podría ser el Conformista, sin embargo lo introduzco dentro del Autómata, la forma mecánica de decirlo, que no implica sentimiento ni pensamiento, el conformista no siente ambición hacia nada, por lo tanto, no piensa ni siente.